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Un puente entre la experiencia y el placer

No es necesario ser un entendido en algo para saber apreciarlo. Esta máxima es aplicable a todos los aspectos de nuestra rutina, pero también a aquellos que no son tan cotidianos, como las catas de vino.

Hasta hace poco, esta práctica consistía en un conjunto de actividades reservadas para aquellos que tuvieran algún conocimiento vinícola. Sin embargo, con el paso del tiempo, se ha buscado acercar esta tarea a un público menos experimentado en este ámbito o que no muestra demasiado interés en el mundo del vino. Se ha pasado de las catas a ciegas, en las que los catadores desconocen el tipo de vino que van a probar, así como su bodega de origen; zona o añada, a las llamadas catas sensoriales, caracterizadas por dar a conocer las particularidades de cada vino a través del uso de la vista o el olfato, en lugar del gusto.

Mientras que en las catas tradicionales, ya sean a ciegas, horizontales -donde se catan diferentes vinos de la misma denominación de origen y de la misma añada- o verticales -en las que se prueban vinos de diferentes añadas, aunque todos de la misma bodega-, en las catas sensoriales lo que prima es intentar lograr que todas las personas sepan reconocer un tipo de vino, sin necesidad de que tengan unos conocimientos previos.

Ribera del Duero ha sido el promotor de diferentes actividades que impulsan la extensión de estas nuevas catas, dos de las más recientes tuvieron lugar en Madrid, durante la Mercedes-Benz Fashion Week, y en la 080 Barcelona Fashion. Durante la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid, los asistentes pudieron disfrutar de más de 30 catas sensoriales, 6 al día, en las que se dieron a probar los tintos ribereños de las maneras más originales: desde actividades de pintura para distinguir las variaciones en los tonos de tinto, hasta el reconocimiento de los distintos riberas a través de perfumes adaptados al olor de cada vino. En la ciudad condal, el número de catas diarias ascendió a 7, con una duración de 40 minutos cada una. En ambos eventos, las catas resultaron ser una grata experiencia para sus participantes, que no contaban con una amplia pericia en asuntos vitivinícolas.

Por otra parte, los Premios Envero, que tienen lugar en Aranda de Duero, son una de las actividades más relevantes en el sector enológico. Desde 1997, numerosos criadores, embotelladores y productores de vino de la Denominación de Origen Ribera del Duero participan en este certamen, con el fin de difundir los diferentes tipos de vino ribereño.

El concurso cuenta con seis categorías diferentes y el jurado, lejos de componerse por catadores expertos y formados, está integrado por numerosos catadores previamente inscritos y que no deben tener necesariamente una base cultural enológica.

El objetivo que persiguen estas nuevas maneras de determinar el origen de un vino no es formar expertos catadores, sino popularizar, entre los más desapegados a este entorno, la costumbre de beber este caldo de uva y extender su sabor.

Lo importante de probar y degustar las variedades del vino no radica en llegar a convertirse en un experto, sino en encontrar el sabor del brebaje que más te guste y disfrutarlo en todas sus variantes.