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«El vino es el arte que se bebe»

Como es bien sabido, el vino es compañero del hombre desde tiempos muy remotos y a lo largo de toda su historia, han sido muchos los que han querido hacer permanente el reflejo de su importancia a través del arte.

Velázquez plasmó las bondades de esta bebida en “El triunfo de Baco”, una obra del siglo XVII; a finales del siglo XVIII, Goya pintó una gran fiesta del vino, conocida como “La Merienda”; ya en el siglo XX, el cubismo de Picasso recogió el placer que suponía el vino para él y Dalí se encargó de darle un toque surrealista a la debilidad que sentía por este líquido. Pero pintura y vino no solamente son cosa de grandes artistas, cualquiera sin un ápice de conocimiento en óleo, fresco o acuarela puede disfrutar de ambas aficiones como más le plazca.

El uso del arte como hobby ha dado lugar a diferentes ideas muy exitosas, que pretenden fusionar la pintura como método de relajación y la degustación de una bebida apreciada por una gran parte del sector adulto: el vino. De esta manera nació Painting with a Twist, una iniciativa llevada a cabo en Estados Unidos para ayudar a la población afectada por el Katrina a volver a sus vidas tras el huracán. En un primer momento consistía en una reunión de personas, dirigidas por un profesor, que desarrollaban su lado artístico mientras tomaban una copa de vino que ellos mismos llevaban de casa; actualmente, esta idea se ha convertido en la suma de 70 franquicias, distribuidas por todo el país, que cuentan con clases de tres horas en las que la empresa facilita los materiales de pintura y los sacacorchos para los alumnos que quieran darle un poco de chispa a su imaginación.

Un proyecto similar fue el que llevó a cabo, en febrero de este mismo año, una escuela de inglés en Madrid, que decidió crear Paint ‘n’ sip con el objetivo de enseñar inglés de una manera diferente. En estos cursos, impartidos por artistas experimentados, varias personas dividieron el protagonismo entre lienzo, botella e idioma y desataron su lado más artístico y desinhibido.

 J. Kressmann dijo en su día que “existe más historia que geografía en una botella de vino”. Y no iba muy desencaminado, porque el vino lleva milenios siendo un elemento esencial en la vida del hombre y gracias a su extensa vida podemos conocer cómo eran las tradiciones de nuestros antepasados egipcios, griegos y romanos, pioneros en el arte del vino. Una de las exposiciones que mejor recoge gran parte de la historia del vino es “Arte rebosante de vino”, organizada por el Museo de Historia del Arte de Viena, que contiene más de cien piezas pertenecientes a las distintas colecciones del Museo. Abierta al público en 2012, actualmente esta exposición no está disponible como tal, aunque las piezas siguen estando en el museo y este abierto para todos los públicos.

Una alternativa al plan anterior es visitar la exposición del Museo Lázaro Galdiano de Madrid sobre arte y vino. En junio de 2015, dicho Museo junto con la Fundación Vivanco, acordaron establecer una jornada vespertina gratuita el primer viernes de cada mes, en la que se hará un  recorrido para observar las piezas inspiradas en vino más relevantes, desde la Antigua Grecia hasta nuestros días. De las piezas expuestas destacan las ánforas para transportar el vino del siglo IV antes de Cristo; diversos cálices del siglo XV y óleos que datan del siglo XVII y épocas posteriores, entre muchas otras.

La visita termina con una cata de diversos vinos y estará disponible hasta septiembre de este año, así que los más despistados no tienen excusa que valga para no visitar este recorrido por la historia del vino español e internacional.

Para terminar este pequeño apunte sobre el arte del vino y el vino en el arte, os dejamos una pequeña curiosidad que seguramente muchos de vosotros no conocíais: ¿sabíais que la famosa imagen de la explanada verde que Windows utiliza como fondo de pantalla es una zona de viñedos? Chuck O’Rear, autor de la fotografía, realizó en 1978 un reportaje sobre una de las zonas vinícolas más importantes de Estados Unidos, Napa Valley. “Normalmente en aquel campo solía haber viñedos, pero justo en aquel año sufrieron enfermedades y tuvieron que ser retirados. Así que se quedó esa pradera ondulante que fue bautizada como ‘La Felicidad’”, afirmó O’Rear.